Tras este breve, pero intenso ritual, cojo unos cuadraditos de chocolate y me voy al salón a vaguear un poco, antes de irme a estudiar a la mesa de mi escritorio, justo donde estoy escribiendo ahora. A pesar del cansancio de aquel día, me levanté en los anuncios de un programa cualquiera (no es el programa que estáis pensando, estaba viendo el documental de la 2. xD) y me dirigí a la nevera para coger Nestea.
Cual fue mi sorpresa al encontrar la jaula de mi coneja Mimi abierta. La solemos colocar justo encima del cubo de basura de reciclaje porque de este modo está en alto y al ser hembra pues como que maneja mejor el cotarro... Nos pone ojos de corderito degollado y no hay manera de negarse a darle una galleta María.
Bien, llegados a este punto tengo que explicar que nuestra cocina es de color blanco. Un blanco que no parece blanco, porque es blanco guarro, pero de todos modos sigue siendo blanco porque es la categoría que más se le aproxima. Y todo esto a pesar de que mi madre le hecha amoniaco por un tubo. Nos intoxicamos, sí, pero que coño, la cocina está cada vez más blanca.
Continúo. Tras observar la jaula abierta, enfoco mi mirada a un plano general de la cocina para saber donde estaba exactamente la fugitiva. Y... horror. Ahí estaba ella, justo en la esquina del mueble de la encimera. Y junto a ella... un charco de sangre. Mimi ya era una mujer.
1 comentarios:
Jaja tanto como una mujer...una coneja como mucho no? :P
Publicar un comentario en la entrada